Malformación arteriovenosa
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Malformación arteriovenosa: qué es, cómo se diagnostica y cómo se trata una afección vascular compleja
La malformación arteriovenosa (MAV) es una maraña anormal de vasos sanguíneos, arterias y venas, que altera el flujo normal de la sangre. Cuando aparece en el cerebro o en la médula espinal, puede afectar a la función neurológica y aumentar el riesgo de complicaciones graves como un sangrado (hemorragia). Hay personas que conviven con una MAV durante años sin síntomas y otras que sufren efectos incapacitantes.
Qué es una MAV
Las arterias llevan sangre rica en oxígeno desde el corazón hasta los tejidos, mientras que las venas devuelven la sangre pobre en oxígeno a los pulmones y al corazón. En una MAV, las arterias se conectan directamente con las venas sin la red habitual de capilares. Eso puede elevar la presión en las venas e interferir en la circulación normal. Aunque una MAV puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, las MAV cerebrales preocupan especialmente por el daño neurológico grave que puede causar un sangrado.
Posibles causas y factores de riesgo
- Factores congénitos: la MAV suele formarse durante el desarrollo fetal. No se conoce la causa exacta, pero se sospecha de factores genéticos y de alteraciones en el desarrollo de los vasos.
- Antecedentes familiares: la mayoría de las MAV son esporádicas, pero en casos raros se asocian a enfermedades hereditarias como la telangiectasia hemorrágica hereditaria (THH).
- Sexo y edad: las MAV cerebrales se diagnostican sobre todo en adultos jóvenes, desde la adolescencia hasta los cuarenta y tantos años.
Síntomas frecuentes
Muchas personas con una MAV no tienen síntomas hasta que se produce una hemorragia. Aun así, hay señales de alarma:
- Dolores de cabeza
Pueden ser persistentes o intensos y, a veces, se localizan en la zona de la MAV. - Convulsiones
Actividad eléctrica descontrolada en el cerebro, provocada por el tejido irritado o dañado alrededor de la MAV. - Déficits neurológicos
Debilidad, entumecimiento u hormigueo en una parte del cuerpo.
Cambios en la visión, dificultad para hablar o problemas de coordinación si la MAV afecta a determinadas zonas del cerebro. - Hemorragia intracraneal
Un dolor de cabeza repentino e intenso (“en trueno”) acompañado de náuseas, vómitos o pérdida de conocimiento puede indicar un sangrado.
Diagnóstico de una MAV
- Neuroimagen
MRI: ofrece una imagen detallada de las estructuras cerebrales y detecta cambios sutiles en el flujo sanguíneo.
MRA o CTA: la angiografía por resonancia magnética o por tomografía computarizada muestra la estructura de los vasos.
Angiografía cerebral: es la prueba de referencia para ver una MAV; se inyecta contraste en las arterias para trazar las conexiones anormales. - Exploración neurológica
Valora la fuerza, los reflejos, la coordinación y la sensibilidad para detectar posibles déficits.
Opciones de tratamiento
La decisión de tratar una MAV depende de la localización, el tamaño, si ya ha sangrado y el estado general de salud.
- Observación
Cuando la MAV es pequeña y no da síntomas, puede bastar con un seguimiento estrecho e imágenes periódicas. - Medicamentos
Los antiepilépticos ayudan a controlar o prevenir las convulsiones.
Tratamiento del dolor para los dolores de cabeza. - Procedimientos intervencionistas
Embolización endovascular: técnica mínimamente invasiva que bloquea el flujo de sangre hacia la MAV inyectando una sustancia parecida a un pegamento. Se puede hacer antes de la cirugía o como tratamiento único. - Resección quirúrgica
Extirpación de la MAV para eliminar el riesgo de sangrado. Es adecuada para lesiones accesibles que pueden extirparse con seguridad. - Radiocirugía estereotáctica
Radioterapia dirigida a dosis alta (por ejemplo, Gamma Knife®) que reduce la MAV poco a poco.
Recuperación y seguimiento a largo plazo
- Rehabilitación: quienes han sufrido un sangrado o tienen déficits neurológicos pueden beneficiarse de fisioterapia, terapia ocupacional o terapia del habla.
- Imágenes de seguimiento: vigilar si la MAV reaparece o cambia de tamaño es fundamental, incluso después del tratamiento.
- Hábitos de vida: controlar la presión arterial, no fumar y mantener una alimentación sana y ejercicio regular favorecen la salud vascular.
Nuestro enfoque multidisciplinario en NYC
En nuestra consulta multidisciplinaria con varias sedes del área metropolitana de Nueva York trabajamos en equipo: neurocirujanos, neurorradiólogos intervencionistas, neurólogos y especialistas en rehabilitación. Al combinar tecnología diagnóstica de vanguardia con planes de tratamiento individualizados, somos un centro de referencia para pacientes del estado de Nueva York, del resto del país y de otros países.
Recursos adicionales
Conclusión
Una MAV puede no dar síntomas durante años, pero detectarla pronto y tratarla bien es decisivo para evitar complicaciones como un derrame cerebral o un daño neurológico permanente. Ya necesite cirugía, radiocirugía u observación, nuestro equipo trabaja para ofrecerle la mejor atención posible y el mejor resultado.
Aviso: Este artículo tiene únicamente fines informativos. No sustituye el consejo médico profesional, el diagnóstico ni el tratamiento. Consulte siempre a un profesional sanitario cualificado.